Tal vez no sea tan fácil ni barato poder anticiparse naturalmente a lo que vendrá. Carlos aprendió con claridad que las situaciones están plagadas de decisiones que casi nunca nos pertenecen.
Un nublado domingo por la mañana que prometía ser otro de los tantos tristes y solitarios domingos con los que en los últimos tiempos le tocaba lidiar, su puerta fue golpeada por alguien más que un testigo de Jehová (pero él, pre visiblemente, no lo sabía). "Estos delincuentes que ganan guita intentando convencerme con palabras, ¿por qué no se van a laburar? ¡Manga de ignorantes! ¡Dios hay uno sólo y ni siquiera existe!" protestaba mientras su, menos sucia que la derecha, mano izquierda abría la puerta: "¿Qué pasa?" apuró Carlos con tono poco hospitalario; "Si lo supiera, de seguro, no estaría aquí" respondió la mujer del otro lado del umbral. Ahora bien, qué testigo ni que ocho cuartos: su ex- esposa era la que se encontraba ahí. Tardó tres largos segundos en reconocerla, aún no sabe si por sus tantas nuevas arrugas o si por sus tantas tetas recién hechas. Logró balbucear un débil "hola" que sonó (si es que sonó) falto de confianza al momento de compararse con la rapidez con la que su no mujer se quitó sus ropas teniendo a su ex-marido ya adentro. "Lo prometido es deuda" y un cigarrillo en su boca dieron finalización a esos ¿largos? diez minutos que Carlos esperaba ni de por casualidad. Tan pronto el cerebro procesó el hecho de que su ex-mujer había encendido un cigarrillo, dos voces al unísono le colapsaron el cerebro susurrándole "ella no".
Carlos abrió sus ojos como platos y tras un impulso que lo obligó a sentarse en la cama y mirarla con una mezcla de despecho y frustración, en un intento desesperado por lograrlo, y sin la mínima inteción de querer soportar las consecuencias ni reproches que del vamos era consciente que debería afrontar, se dirigió sin más preámbulos a su flor de liz encontrando, por primera vez, resistencia. Con las piernas cerradas, sentenció: No estás equivocado.
Pero nuevamente perdiste. El juicio es mañana y, como verás, no te quedan más oportunidades. Andá, seguí cambiando gomas.
Ella no había acabado y él lo sabía.
2 comentarios:
Los Testigos de jehová no ganan guita por tocar puertas, todos tienen su laburo. Sabelo.
Pero habiendo leído lo anteriormente escrito por vos, no me sorprende que no lo supieras.
Yo no lo dije, lo dice Carlos... ¡Gracias por leer mi blog!
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