lunes, 20 de junio de 2011

Ex-Carlos


Tal vez no sea tan fácil ni barato poder anticiparse naturalmente a lo que vendrá. Carlos aprendió con claridad que las situaciones están plagadas de decisiones que casi nunca nos pertenecen.
Un nublado domingo por la mañana que prometía ser otro de los tantos tristes y solitarios domingos con los que en los últimos tiempos le tocaba lidiar, su puerta fue golpeada por alguien más que un testigo de Jehová (pero él, pre visiblemente, no lo sabía). "Estos delincuentes que ganan guita intentando convencerme con palabras, ¿por qué no se van a laburar? ¡Manga de ignorantes! ¡Dios hay uno sólo y ni siquiera existe!" protestaba mientras su, menos sucia que la derecha, mano izquierda abría la puerta: "¿Qué pasa?" apuró Carlos con tono poco hospitalario; "Si lo supiera, de seguro, no estaría aquí" respondió la mujer del otro lado del umbral. Ahora bien, qué testigo ni que ocho cuartos: su ex- esposa era la que se encontraba ahí. Tardó tres largos segundos en reconocerla, aún no sabe si  por sus tantas nuevas arrugas o si por sus tantas tetas recién hechas. Logró balbucear un débil "hola" que sonó (si es que sonó) falto de confianza al momento de compararse con la rapidez con la que su no mujer se quitó sus ropas teniendo a su ex-marido ya adentro. "Lo prometido es deuda" y un cigarrillo en su boca dieron finalización a esos ¿largos? diez minutos que Carlos esperaba ni de por casualidad. Tan pronto el cerebro procesó el hecho de que su ex-mujer había encendido un cigarrillo, dos voces al unísono le colapsaron el cerebro susurrándole "ella no".
Carlos abrió sus ojos como platos y tras un impulso que lo obligó a sentarse en la cama y mirarla con una mezcla de despecho y frustración, en un intento desesperado por lograrlo, y sin la mínima inteción de querer soportar las consecuencias ni reproches que del vamos era consciente que debería afrontar, se dirigió sin más preámbulos a su flor de liz encontrando, por primera vez, resistencia. Con las piernas cerradas, sentenció: No estás equivocado.
Pero nuevamente perdiste. El juicio es mañana y, como verás, no te quedan más oportunidades. Andá, seguí cambiando gomas.
Ella no había acabado y él lo sabía.

domingo, 29 de mayo de 2011

There's no nothing I can do.


Un día se despertó con la sensación de que el mundo había cambiado, sin más ni menos. Tomó el mate cocido de siempre y apartó de su mente la idea de todas las mañanas porque... algo había cambiado.
Se aferró a su trench marrón oscuro y partió en busca de naturaleza. La alexitimia por la que todo su mundo lo había abandonado, hoy no la encontraba: "Qué contento me siento". 
Mientras caminaba buscando, hallaba nuevas formas de vivir en paz con su alma dejando atrás el self-injure que tanto lo juzgó. Era tarde de principios de otoño y le enloquecía, si puede no ser considerada una redundancia, ver
cómo abajo el mundo se teñía de marrones anaranjados siendo, el de arriba, del mismo celeste que siempre. 
Jesús sabía que no faltaba mucho y fue ese, tal vez, uno de los motivos fundamentales por los que se levantó esa mañana. 
Sus compañeros más conectados con la realidad lo miraban, asombrados. Los responsables comentaban entre ellos, satisfechos. Y Jesús, radiante, continuaba recorriendo kilómetros de ese parque que sus pantuflas tanto añoraban.
Era de los viejitos que podían pasar larguísimas tardes imaginando la inmensidad del mundo, escudriñando cualquier mínimo atisbo de naturaleza, esperando un milagro. 
La intensidad de maquiavelismo en sus pensamientos rozaba el punto muerto y ya no miraba al frente para proyectar un futuro, sino que lo hacía para ver cómo todo se desintegraba, con calma. Ahora era consciente de su falta de 
conciencia, lo que lo volvía un desubicado en su lugar. 
Creyó ver inmensas bifurcaciones y gente que llegaba por ellas dirigiéndose hacia él, conservó la calma, sonrió con cinismo, y se dijo a sí mismo <<estás soñando>>, decir <<estás loco>> hubiese sido una inútil redundancia. 
El minimalismo reinaba su vida, ya no tenía tiempo a concentrarse en lo superfluo; por lo que ese día, mientras tomaba su mate cocido, entendió que por sobre él existía toda una Institución de gente que, victoriosamente, evitaría 
que cumpla su meta más próxima. Jesús se sintió beatífico, notó cómo todo finalmente terminaría y quiso sentarse a esperar. <<Mi mejor jugada es la peor>> susurró, y miró al sol para que su última imagen no sea, otra vez, 
la de unos cuantos internos corriendo como locos por un imaginario parque otoñal. 

martes, 8 de marzo de 2011

Mujercitas.


Porque todo hombre nació de una mujer y porque toda vida nos debe su ser, merecíamos un día de reconocimiento.

Porque somos histéricas, hermosas, vuelteras, divinas y dignas de ser agradecidas por aunque sea un día alrededor del mundo. De feminista no tengo un pelo, pero amo a mi mamá y todas nosotras tenemos algo de deidad femenina en lo más profundo de nuestros propios abismos.

Porque cuando queremos podemos ser cursis y cuando queremos, las más perras.

Porque sin nosotras la vida no sería vida y porque somos las dueñas de las más hermosas personas que pueden existir en este planeta. Porque somos señoras de estrujantes dolores físicos que nos transforman y de dolores emocionales que nos abaten.


Porque nosotras también nos transformamos y los hombres son capaces de derribar un mundo completo por el amor de una mujer. Porque las historias más fascinantes nos tienen como protagonistas y porque somos mujeres desde que nacemos hasta que morimos.

Porque la transformación de la mujer es la más dolorosa y divina y porque, digan lo que digan, somos el eslabón vital para el desarrollo mundial.



Feliz día